Filed under: Lo que Ocluck dice
Jack Sullivan puso la mano en el pomo de la puerta y antes de girarlo, se dio la vuela y llamó a su mujer, Mariah.
Un diminuto destello dorado recorrió velozmente la entrada de la casa y se detuvo frente a él. Jack miró con atención a su mujer: tapaba su cuerpo un trozo de tela sujeto en la cintura con el anillo de compromiso, una hermosa sonrisa asomaba en su cara y terminaban de dibujar la estampa unas alas que no dejaban de moverse frenéticamente, manteniéndola en el aire.
Jack era también pequeño, en comparación a los demás; era un enano. Pero su mujer era casi como un bicho. Un bicho de gran belleza y aura dorada, eso sí. Sin embargo, fue su decisión: casarse con un hada. Con todas las consecuencias que ello suponía. Muchos le habían preguntado que como saciaría sus necesidades sexuales o el hecho de tener descendencia. Jack había comprendido, con el paso del tiempo, que es verdad lo que los grandes escritores plasmaban en papel: lo más poderoso de este mundo es el amor. De su mundo. Del de los humanos. Del mundo en general. ¿Respondía eso alguna vez? Nunca. Tenía muy claro que no tenía por qué dar explicaciones a nadie. Si algo le había enseñado la vida desde que era un niño, era precisamente eso: no te ha de importar lo que piense la gente que no significa nada para ti.
Tras coger a Mariah en su mano y plantar sus labios en su cara, la dejó libre mientras ella reboloteaba feliz a su alrededor y acababa por marcharse al interior de la casa.
Jack abrió la puerta y salió al exterior. Se agarró a una liana y comenzó su descenso. Vivía en una casa construída en lo alto de un gran árbol. Junto a su casa había una decena más y aquel lugar se llamaba “El gran hogar”. Lo cual, siempre lo había pensado, era contradictorio teniendo en cuenta que la mayoría de seres que vivían allí eran de su tamaño o incluso inferior.
Cuando pisó tierra firme comenzó a andar con prisa. No cargaba con nada por lo que aceleró el paso. Cruzó la selva con rápidez, saludando a varios amigos que se encontró por el camino. La selva era el lugar donde vivían la mayoría de las criaturas en la isla. Un lugar que estaba en el corazón de la naturaleza y en el que cualquier ser que la amara podía sentirse plenamente feliz.
Una vez salió a la playa contempló el cielo, que resplandecía de color anaranjado. No pudo más que esbozar una sonrisa y seguir con la marcha.
Bordeó los límites de la selva caminando por la blanquecina arena. De pronto, se detuvo en seco al ver la gran belleza de las sirenas, que estaban reunidas en la orilla, ríendo y moviendo sus colas multicolor.
Una hermosa canción comenzó a sonar. Se introdujo en él como la luz de aquel amanecer lo hacía en sus ojos. Dejó de tener consciencia de lo que pasaba. Estaba flotando. Aquella situación le duró poco ya que de pronto notó un golpe a la mejilla. Cuando pudo darse cuenta de qué se trataba, vio a su mujer delante de él con cara de pocos amigos.
-Cariño, no es lo que parece.
Ella no dijo palabra alguna y dejó caer la cartera que portaba, que le doblaba en tamaño. Jack la cogió con rápidez y Mariah desapareció dejando tras de sí un rastro dorado.
Jack suspiró y cuando miró hacia la orilla, las sirenas ya no se encontraban allí.
-¡Malditas prostitutas! -maldijo con el puño golpeando al aire.
Tras un rato, en el que estuvo pensando sobre lo que le acababa de pasar a la vez que seguía caminando, llegó al muelle de madera. Miró hacia la izquiera y vio que se extendía de manera casi interminable. Suspiró.
Cuando estaba a punto de llegar vio que la cola de seres para montar en el barco era bastante extensa y suspiró de nuevo.
Se puso detrás de tres mujeres vestidas con abultados vestidos. Eran brujas. Las hermanas Spellman ni más ni menos. En años anteriores (siglos, por lo que tenía entendido) habían sido una leyenda, pero cuando fue desmantelada su red de tráfico de especias con el mundo real se las exilió, laboralmente hablando. Ahora, las tres llevaban una empresa de limpieza llamada “La escoba mágica”.
-Sí, María, he oído que los niños son la última moda para mantener el cutis liso -le dijo Winona, con voz cansina, que era la que estaba en medio.
-¿Niños? -preguntó Sia, la que estaba en el extremo izquierdo, con voz chirriante-. ¿Y qué se hace con ellos?
-Por una película que vi, aspirarlos. -respondió María.
-¿No sería un anuncio de aspiradoras, María? -preguntó Sia sonriente.
-Sia, callaos. ¡Os digo que yo sé lo que vi!
-Bueno hermanas, yo os digo que discutamos esto en su debido momento. Aún somos jóvenes y hermosas -dijo Winona con intención de no provocar una confrontación.
Jack no pudo evitar soltar una pequeña carcajada, por la que las tres brujas se giraron a contemplarle con desdén. Jack bajó la mirada intimidado, por lo que las tres mujeres se dieron media vuelta.
-¿Y qué me decís de las buenas nuevas que nos ha traído Ocluck hoy? -preguntó Winona intentando cambiar de tema.
-Buenas nuevas con las que me ha despertado, hermana -respondió María.
-Dormís hasta muy tarde. Os lo merecéis. Cualquiera diría que el sol os hace daño -le reprendió.
-¿Y qué buenas nuevas ha traído? -preguntó Sia.
-Nuestro reino no quedará cojo.
-¿Cómo? -volvió a preguntar la misma.
Winona le arreó una colleja para a continuación aclarar:
-Ya hay sucesor para el trono.
Sia se emocionó. Sus hermanas desconocían si era por el anuncio o por el golpe de Winona.
-Aún así, os digo que persuadiremos al nuevo rey -anunció Winona triunfante.
Las hermanas rieron sonoramente. Jack, sin embargo, estaba alucinado por lo que acababa de oír. Ya había sucesor. Sabía lo que aquello significaba por lo que decidió darse prisa. Corrió hacia el principio de la fila, pero una fuerza invisible le detuvo y lo llevó de nuevo a su sitio.
Se trataba de las hermanas.
-¿Veis eso? -le preguntó Winona señalando a la primera persona que estaba en la fila-. Se llama madrugar, pequeño tramposo.
-¡Eso! -exclamó María mirándole con superioridad.
La bruja le asestó una colleja también.
-¡Callaos! Si no fuera por vos ahora mismo estaríamos delante.
Jack suspiró por tercera vez y volvió a maldecir, aunque mentalmente, en esta ocasión a las tres hermanas. No cogería el siguiente barco, que ya iría lleno, por lo que llegaría tarde al trabajo. Por si fuera poco tenía algo que comunicarle a su jefe. Algo que era de suma importancia y que cuanto antes supiera, mejor. Para ambos; para el reino.
2 Comments so far
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no m lo esperaba para nothing! bien bien,,, has sabido cambiar el rollo totalmnt sin aburrir NADA!!!
el tercero? =D
Comment by nocheslargas* April 4, 2008 @ 6:41 pmPara COMING SooN—>May 9th (2009)
Gracias por leerme!^
Comment by nicktime April 4, 2008 @ 6:43 pm